CARLOS EDUARDO CAMPOS DURÁN
Carlos:
Dondequiera que estés ahora, estás mejor.
Cumpliste bien tu contrato espiritual que te depositó en la Tierra en el mes de noviembre de 1961, para iniciar un nuevo aprendizaje.
Viviste tu breve vida, intensamente.
Amaste la música y el rock: cantabas con el alma, con ese frenesí adolescente que nunca perdiste, según comprobamos cuando la Generación 1978 se reunió tras 25 años de egresados, en mayo de 2003.
Nunca se nos va a olvidar tu interpretación de "Satisfaction", ese tema de The Rolling Stone que te transformaba.
Pero más que nada, fuiste un buen amigo de tus amigos. Padre y cónyuge. Hijo.
Nosotros dos no fuimos amigos durante tu estadía en el Colegio, sólo compañeros.
Nunca te dije que me encantaba oírte cantar y hoy me arrepiento.
Estimé que era suficiente con aplaudirte y saltar de alegría con tus canciones, que siempre bailábamos en las fiestas del colegio.
Pero por alguna decisión acordada en Lo Alto, me convertí en la portadora de todas las noticias relacionadas con tu enfermedad...
En las mañanas, se me hizo un hábito telefonear a la Clínica Alemana, en Santiago, para saber de ti...
O, ante cualquier duda, me comunicaba con Edwin Orchard, quien perteneció a mi curso en el colegio y con el cual tú trabajabas ahora, en la Minera Escondida.
Pero no sé por qué...
¿Acaso me escogiste tú mismo para esta misión?
Tal vez. Ya no importa mucho, en todo caso.
Seguramente aún estás cerca, contemplando lo que dejaste tras tu partida...
"Neumonitis fulminante con shock séptico" era tu diagnóstico, pero tus defensas jamás se fortalecieron... ¿Fue por tu hábito de fumar? ¿O simplemente tenías que irte? Jamás lo sabremos...
Forma parte de la misteriosa duración de la vida y de la larga separación que produce la muerte.
Descansa en paz...