sábado, noviembre 12, 2005

Antofagasta en la memoria

Nací en la Maternidad "Dr. Ismael Larraín Manchego", del Hospital de Antofagasta y fui bautizada en la Iglesia Catedral.
Mis padrinos fueron Nedjelka Zlatar Navarro y Wilfredo Ramírez Bunney, mis tíos.
Crecí en la calle Maipú. Jugaba con Luis Leonardo, hijo de don Erasmo, almacenero de la cuadra. Con Jadranka Matijasevic, hija del otro almacenero del barrio (Yugoslav Matijasevic, dueño del Emporio "El Salitre").
Con mi abuela, iba a comprar el pan a la Panadería La Selecta, de los Papic. O a la Panadería Santiago, de hermosa construcción, en calle Uribe, frente a uno de los costados del Liceo de Niñas.
En la calle Maipú, tenía permiso para correr o para saltar con mi cordel sólo hasta San Martín. Donde ahora está Fonasa, había unas casas de madera pintadas de amarillo y plomo, con el dibujo de una gran Pepsi Cola ... En esa esquina había otro negocio, de don Pedro Pavisic.
Al frente, los Repuestos Tassara (y Renato Tassara era el pololo de mi prima "Nana" - Adriana - que estudiaba Nutrición en la sede local de la U. de Chile).
Entre las familias del vecindario estaba la del dr. Cuchacovich. Los Vrsalovic (dueños del Hotel Splendid). Los Iratchet. Los Kuljis. Los Turrientes. Los Claps Vidal. Los Torreblanca. Los Moyano. Los Livacic. Los Carpanetti. Las profesoras Bravo, del Liceo de Niñas. Los Jahr y los Zamudio (que llegaron en los '70)...
La vecina de mi abuela Ofelia (Elianita, costurera), vendía huevos frescos del gallinero de la casa.
También recuerdo a la lavandera, sra. María Brigges de Troncoso, que vivía por calle Washington y que tenía un hijo que se recibió de abogado: José Tomás.

En la Antofagasta de mi niñez, además, era de rigor ir a pasear por la Plaza de Armas ("Plaza Colón"), después de misa en la Catedral, donde transitaba libremente un pavo real de hermosos tonos azules y cola de abanico...
No sé si ecuatorianos o colombianos, donaron a la ciudad un par de guayatas (Cauquén Guayata o Andean Goose o Chloephaga melanoptera), ave corredora de color blanco y manchas negras, según recuerdo, que cruzaba con señorial vaivén hasta la esquina donde estaba el Banco Español o sigue estando el Banco del Estado, en el cruce entre Prat y San Martín, las dos arterias del barrio cívico.
Además, los patos y sus crías alegraban la fuente, rodeada de palmeras californianas, cargadas de dátiles que caían al suelo, los que siempre deseé probar y nunca me lo permitieron.
De esa plaza, queda el León donado por la Colonia Española, entre Sucre y Washington, al NW. El quiosco de Washington y Prat, al SW. La glorieta de la Colonia Yugoslava (hoy, Croata), donde el orfeón tocaba música dominguera con tubas y liras. Al lado del Correo, se levanta hasta hoy el Edificio Centenario, llamado así porque fue inaugurado para el aniversario de los 100 años del poblamiento de la ciudad, ocurrido en 1866, con fuegos artificiales. A poco andar de ello, un extranjero montó el peligroso espectáculo de subir sus quince pisos en moto, sobre un cable de acero que partía en la explanada del Hotel Antofagasta.
En 1964, una tragedia despertó a la ciudad: el incendio de un buque llamado María Elizabeth, provocado por las explosiones derivadas de la carga de gas que transportaba, que se desparramó por una rotura y se inflamó en la cocina del barco.
Viene a mi memoria, igualmente, el incendio del Consulado Boliviano, en plena tarde veraniega, que miré desde la esquina de Maipú y Washington, empinada en mis tres o cuatro años de edad, con mis primos, Yako, Jorge Hernán y Eva, y Rebeca, la "nana" de esta última, parados al lado del grifo que estaba en ese lugar. Mi papá, bombero de la Tercera Compañía "Dalmacia", luchaba contra las llamas.
Ibamos a jugar a la Plazuela Simón Bolívar, donde había columpios. Paseando a la Pelusa, la perra bóxer de Eva, aprendí a andar en bicicleta en ese lugar: era una Cic color verde (1972).
La Feria se instalaba en la Plaza Sotomayor o del Mercado. Acompañaba a mi abuela a comprar frutas y verduras. Pedía siempre una melcocha (dulce peruano), y después me arrepentía, porque era relajante y dura, difícil de masticar. Al interior del Mercado, se compraba carne donde "Hugo León Müller", cecinas en "Los Coquimbanos", de los Varas Plaza, flores donde la sra. Lam, queso donde los Chinitos Ly. Mi tío "Antuco" tenía un negocio por fuera, en la esquina de Maipú y Ossa (almacén "El Campeón").
Añoro esa ciudad, donde se sabía quiénes eran los vecinos, se conversaba y se compartía, no había peligro ni delincuencia feroz, la solidaridad era la premisa...
Hoy, sólo puedo recordarla... Qué pena que mis hijos no conocieron ésa, "mi", ciudad.

11 comentarios:

Askinstoo dijo...
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Carol dijo...
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Julia dijo...
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Askinstoo dijo...
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Rod dijo...
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Jorge Gajardo Rojas dijo...

Olie:es tu niñez?Si es asi te felicito.La mia solo la recuerdo en forma fragmentaria.Será porque vivi en muchas partes.O porque uno sólo se acuerda de lo mejor.?

Saludos Jorge

Alvaro Horta Calzada dijo...

Muy bonitos tus recuerdos. Yo también estudié en Antofagasta. Allí pasé toda mi etapa universitaria en la Universidad Católica del Norte y, evidentemente, mis recuerdos son otros. Adoraba caminar por el centro, pero lejos lo que más añoro, es la vista que tenía de toda la bahía desde mi balcón en el edificio "Curvo" y mis paseos por el Parque Brasil (donde lamentablemente una vez me asaltaron uno escolares!). Son demasiados recuerdos. Casi todos alegres, por cierto. Todavía conservo muchos amigos que viven en la Perla del Norte y por lo menos una vez al año trato de visitar esa bella ciudad. Ojalá puedas seguir relatando esos recuerdos.
Te seguiré leyendo!

Alvaro Horta Calzada dijo...

A propósito:
es muy fácil evitar que los "cometarios" se te llenen de spam. Solo tienes que entrar en el escritorio de tu blog y en la opcion "cambiar valores" selecciona la pestaña "comentarios". Luego tienes que marcar "¿Mostrar verificación de la palabra para comentarios?" y poner "sí" y asunto solucionado.
Suerte!

Olie dijo...

AHC:
Gracias por tus comentarios.
En todo caso, la Antofagasta de mi infancia y adolescencia es distinta, en edad, de la que tú conociste como estudiante de Periodismo.
Y muchas gracias por enseñarme a eliminar los spam.

Olie dijo...

Jorge:
En efecto, es mi niñez. Es la infancia de muchos antofagastinos de la década de 1960.
Ciertamente que recordamos siempre, casi, lo más hermoso. Porque lo feo rara vez se comenta, se vive por dentro para evitar un nuevo error.

Alessandro dijo...

TU VIAJE DE INFANCIA POR NUESTRA BELLA ANTOFAGASTA HA COLMADO MI ALMA DE LA MAS BELLA NOSTALGIA, ES COMO SI FUESE SOLO AYER LOS RECUERDOS DE MI ABUELO ANTONIO CAGIAO GONZALEZ REGRESAN EN MI MENTE, LA RADIO LIBERTAD, LA CREAM RICA, CASA GOMEZ

TE FELICITO

ALESSANDRO PIFFARDI CAJIAO