miércoles, febrero 22, 2006

ALERTAS CONTRA TSUNAMIS

Vivo en Antofagasta, capital de la provincia y región del mismo nombre, ubicada en el Norte Grande de Chile. Ha sido denominada, además, la Capital Minera del país.
Por tratarse de una ciudad costera y considerando que hace alrededor de cien años que en esta zona no ha existido la liberación de energía necesaria con un movimiento sísmico de proporciones (el último, el 31 de julio de 1995, sólo tuvo una magnitud de 7.8 en Richter, pero los expertos anuncian desde hace dos décadas un gran cataclismo), nuestras autoridades han desarrollado proyectos e invertido recursos para que, en caso que el pronosticado tsunami azote nuestra bahía, funcione correctamente el operativo de emergencia.
Ya hemos vivido la experiencia de los simulacros de evacuación. La ciudadanía ha sido instruida respecto de las medidas mínimas de seguridad que deberá adoptar "en caso de" y se han establecido las zonas de riesgo y las de resguardo (y yo espero, por cierto, que la Naturaleza siempre impredecible también las respete).
Hoy, 22 de febrero, ya instaladas las sirenas de alerta, que están conectadas con el sistema general de alertas de tsunamis del Oceáno Pacífico, sonarán hasta las 13 horas para que los antofagastinos originarios, por adopción y los transeúntes se habitúen y familiaricen con el sonido que éstas emiten. También, considerando que hasta las fecha se han instalado tres - de once proyectadas - se está midiendo la intensidad, de modo que no haya habitante en la ciudad que no las escuche.
Un aplauso, entonces, porque a pesar de lo espeluznante que resulta, de tanto en tanto, escucharlas desde mi despacho, a cincuenta metros de una de ellas, mientras me esfuerzo por concentrarme en mis análisis de trabajo, su instalación demuestra una suerte de espíritu preventivo que, normalmente, los chilenos no tenemos.
Y quiera Dios que, cuando éstas funcionen de verdad, ante la amenaza inminente del desborde del Oceáno Pacífico que baña nuestras costas, muchas vidas puedan salvarse de una tragedia.

11 comentarios:

Urrsulo dijo...

Si es bueno que algunas regiones sean tan prevenidas para asntos un tanto catastroficos. Respecto a animales, ¿acaso ellos no aman?
¿no gime el perro porque su dueño se va?
Creo que somos tan animales y peores que los mismos. somos una plaga mal agradecida. Pero todo este fatalismo puede arreglarse, con amor, bondad y con mucha pero mucha inteligencia.

Olie dijo...

Urrsulo:
Yo tengo mis dudas. No sé si el perro gime por amor o por costumbre. Tal vez la diferencia principal entre humanos y animales no sea el amor, sino la palabra. Esa antigua capacidad de transmitir el pensamiento...

También creo que la bajeza y miseria humana es transformable a través del amor y de la bondad.

Pero es mi sentir que un hombre jamás tendrá un símil con los animales, sin que ello signifique desmerecer a estos últimos.

Ojalá un psicólogo posteara acerca de este tema:

Olie

Olie

fgiucich dijo...

Espero que nunca ocurra, pero más vale prevenir que curar. Abrazos.

Lety dijo...

Que Dios te oiga Olie y realmente todo funcione como se espera. Me has dejado una preocupación que será difícil olvidar. Cuánta influencia debe tener en la vida diaria, vivir con esta espada de Damocles sobre la cabeza

Besos para tí querida amiga

Olie dijo...

Fernando y Lety:

De verdad que todos esperamos lo mismo. La prevención debería dar sus frutos en el evento que acontezca el desastre. Por lo menos, sirven los ejercicios para que las familias se pongan de acuerdo en cómo van a enfrentar el momento, en caso que ocurra estando cada cual en su trabajo, universidad o colegio.
Yo ruego a Dios que el pánico no se apodere de la gente. Son las estampidas humanas las que provocan más muertes que el cataclismo mismo.
Y la verdad es que no sé cuánta influencia psicológica tendrá esta clase de advertencias en la vida cotidiana, sólo sé que desde 1982 se anuncia el mentado "gran terremoto del Norte Grande" y en una época, sismólogos franceses llenaron de sensores el Desierto de Atacama, tratando de medir la frecuencia de sismos imperceptibles, para establecer de ese modo un patrón de conducta de las placas y de la falla que existe en nuestra zona.
En fin.
Sólo puedo decir que Dios Padre ya tiene Su Plan al respecto.

burton dijo...

Sí quiera Dios, siento que los antofagastinos están muy traumados por el tema, recuerdo que cuando estudiaba por allá prácticamente todos los días mis colegas alarmaban al respecto, asustando aún más a la pobalción.
Y para qué hablar de 1995 recuerdo que fuimos en auto a bucar a mis abuelos que viven a 2 cuadras de la playa cagados de miedo y la sensación general era de terror, me alegro que hoy ya exista un plan más definido y ojalá que si algo ocurra funcione
salu2

Olie dijo...

Hmmm. Ese terremoto de 1995 fue increíble. El único buen recuerdo que tengo de eso, es que la gente empezó a subir ordenadamente a los cerros, en interminables hileras de vehículos, sin pánico.
Mi mamá vive en "Coviefi", y yo, en esa época, en la calle Nicanor Plaza (Gran Vía) y se veía el serpenteante rastro de las luces de los autos subiendo la cuesta de acceso a ese sector.
De hecho, mi madre (que vive en Avenida Argentina), calmó sus nervios con solidaridad, dando agua caliente para termos y mamaderas de guaguas.

Saludos,

Olie

Matías Zelick dijo...

Lo mejor de tanta precaución es no tener que usarla... Espero que nunca tengan que usarlas.

Olie dijo...

La esperanza es unánime, Matías, pero la realidad científica es otra. Hace como 100 años que en el Norte Grande de Chile no se verifica un cataclismo de proporciones, a pesar de existir una gran falla geológica y de las placas (la de Nazca y la Sudamericana), desplazándose X cms por año.

Sólo Dios podrá protegernos, en definitiva:

Olie

Aristóteles dijo...

"Más vale prevenir que lamentar".

Dios escuchará.

Olie dijo...

Sí, Hugo, Dios siempre escuha. Tal vez, a veces, uno cree que no, pero en ese caso es porque lo que se pide no es para ese momento.

Un beso,

Olie