lunes, agosto 14, 2006

PAZ PARA LOS NIÑOS

He visto fotografías de la cruda realidad de la guerra. He visto las noticias internacionales al respecto. He leído post en distintos blogs, artículos, editoriales y reportajes de los diarios más vistos en el globo.

Sin embargo, pareciera que nos hemos ido acostumbrado a la violencia, a las matanzas, a las violaciones, a los raptos, a los secuestros. Y es que se ven tan lejanas y tan ajenas. Se asocian a otras culturas, a países distantes.

No obstante, nuestra actitud no debiera ser un asombro momentáneo, o dar vuelta la página para no enterarse. O esconder la revista para no repasar las horrorosas instantáneas. Y eso, porque las mayores víctimas del conflicto, son los niños.

Pequeños niños en edad de jugar, que portan armas.
Pequeños niños descalzos, huérfanos y hambrientos, que están dispuestos al suicidio.
Pequeños niños flagelados y mutilados, que podrían ser tu hijo. Mi hijo. Tu hija. Mi hija.

Niños hambrientos de bienes, de cariño y de Paz. Principalmente, de paz.

Carentes de una noche tranquila, para dormir con una sonrisa bajo las estrellas, soñando con la esperanza en el mañana y en un mundo mejor.

Carentes de una madre solícita que les arrope y cierre la puerta de su cuarto, apagando la luz.

Carentes de la presencia del padre que llega a preguntar cómo les fue en la escuela, tras su llegada del trabajo.

Y es que ellos no tienen madre, ni padre. Ni escuelas. Y, si hay padre, no hay trabajo. Y, si la madre vive, no hay hogar.

Todo se lo lleva la metralla.
Todo estalla en el relámpago de una granada.
Todo sonido en muchas millas a la redonda sólo proviene de las balas, silbando sobre sus cabezas.

Yo no quiero esto para los niños del mundo.
No quiero volver a ver imágenes de cuerpos pequeños y frágiles, heridos, muertos. Destrozados.

Y no comprendo...

En Tel-Aviv, Israel, mi madre recorrió acongojada el Museo del Holocausto, en febrero de 2000. Me relataba las fotografías y las rumas de zapatitos y escarpines y el solo recuerdo de esa visión la estremecía y llenaba de pena.

En mi pre-adolescencia, lloré a mares tras la lectura del Diario de Ana Frank.

Es por eso que menos comprendo cómo una nación que vio morir a sus pequeños hijos en el horror de los campos de exterminio, es ahora capaz de bombardear pueblos y ciudades donde hay escuelas, hospitales, centros de la Cruz Roja, que cobijan a pequeños heridos a quienes no se les concede ninguna oportunidad.

Y no me explico cómo la Tierra de las Grandes Oportunidades no le otorga ninguna a los habitantes más hermosos del Mundo.

Y todo, por el petróleo. Por la codicia. Por el poder.

Siento una gran impotencia por no saber qué hacer. Cómo ayudar. Dónde golpear.

Tal vez, si creáramos una campaña para trasladar a esos pequeños huérfanos a lugares más seguros... No sé. Tal vez si apadrináramos a esos infantes cuyos progenitores no tienen nada que ofrecerles, porque la guerra les ha quitado todo (como se hizo en Chile en la década de los '90, cuando la Guerra de los Balcanes dejó a muchos niños croatas huérfanos y a sus madres, viudas).

No lo sé. Me frustra no saberlo.

Podemos orar por la Paz, es cierto, pero hay necesidades inmediatas.

Despertemos de la indolencia. Levantemos la voz: NO A LA GUERRA. NO A LAS MATANZAS DE NIÑOS. NO AL USO DE LOS PEQUEÑOS PARA VENGAR A LOS ADULTOS.

¿Qué propones tú?

10 comentarios:

Javilina dijo...

uuuuuuuyyyy mamá!
la verdad es que no sé qué se pueda hacer... ¿?
y rezar no me parece que sirva en este momento, en esta guerra cada uno le reza a su Dios (Alá, Yaveh) y qué se ha logrado?
quizás nuestro papel sea observar, observar críticamente, atentamente, reflexivamente, sin dar vuelta la página, sin tratar de no ver... porque ahora la ignorancia no es dicha, sino que es irresponsabilidad...

besos!

me gustó mucho el post!

Lety dijo...

Ay Ollie tus palabras conminan y tienes razón en hacerlo. Sin embargo, en este momento me siento incapaz de búsqueda. La situación económica que nos ha provocado el conflicto en Oaxaca es acuciante, ni siquiera la propia supervivencia tenemos garantizada, la de la gente que trabaja conmigo.

Pero lo prometo volveré de mejor ánimo.

Olie dijo...

Lety querida:
Eres humana, Lety. Pasas por un momento difícil y se entiende que, de repente, creas sentir que las fuerzas te abandonan.
Además, el panorama mundial es feo. Polarizado. Extremo.
Pero Dios no permitirá que el Mal siga avanzando, ¿no es así?
Un beso y los mejores deseos de recuperación:
15 agosto 2006

Olie dijo...

Gracias hija

galgata dijo...

Qué buena forma de verlo, a través de lo que es de uno.
Cuando las personas se den cuenta que todos estamos interconectados, ya no podrán levantar la mano tan fácilmente para atacarse unos a otros!!
La conciencia es el camino y tu blog lo hace muy bien :)

Olie dijo...

Gracias, Gálgata, y bienvenida...

Saludos,

15-8-2006

fgiucich dijo...

Alguien escribiò que mientras haya personas que hagan diferencias por el color de la piel o las creencias religiosas, habrà guerra en el mundo. Toda la tecnologìa que nos dieron los ùltimos 200 años en lugar de ayudar a encontrar una paz duradera, nos empuja a guerras terribles. El ser humano es una marioneta entre tanta maraña. La soluciòn, lamentablemente no la tengo. Quizàs lo que escribe Galgata, sea una posibilidad. Abrazos.

Olie dijo...

Sabia opinión, como siempre...

Correspondo el abrazo:

17-8-2006

Natinat dijo...

¿Quienes son los que guerrean? ¿o porqué? Eso no importa Dios sabe quienes son y porque lo hacen.

Esas gentes son dadivosas a la inversa, gastan millones para satisfacer su odio.... y nunca quedan satisfechos... si fueran generosos bastaría un abrazo para satisfacer la necesidad de sentirse hermanos.

¿Como enseñarles quienes son realmente?

Ahora lo que aflora es su naturaleza caída codiciosa que los hace odiarse y para el odio no hay inocentes, todos son culpables y como bien describes, la crueldad no conoce límites

Lo único que puede reconciliarlos es transformándoles de enemigos en hermanos y esa transformación sólo la puede lograr el amor verdadero.

Saludos

Natinar

Olie dijo...

Amor es lo que le falta al planeta.

Sin duda.

Abrazos,