miércoles, noviembre 30, 2005

Mi mejor Navidad

¿Cuál fue su mejor Navidad?
Estoy segura que no se trató de aquélla en que recibió el mejor regalo, ni esa otra en que se sirvió la mejor cena, o cuando pudo comprar los mejores obsequios ...
Mis mejores Navidades fueron esas en que lo Humano prevaleció.

1965.
No estoy segura del año. Pero esa noche la fiesta era con todo el Clan Zlatar y mi prima Eva (de 5 años), se paró encima de todas las tazas plásticas de su recién recibido juego de té... Los adultos debieron estar estupefactos, pero los niños, felices. Ese sonido exquisito jamás se me ha ido de la memoria.

1972.
Esa Nochebuena, mis padres, escasamente, habían conseguido chocolate amargo. El pan de Pascua, que lo preparaban entre los dos, una receta familiar - de la tía Katica - con grandes cantidades de pasas y frutas confitadas, se había reducido a una suerte de queque con pasas y azúcar flor. No cenamos esa noche, había desabastecimiento. No recuerdo si mi hermano y yo recibimos juguetes. Eso no está claro. Lo que conservo intacto, es que papá elevó una hermosa oración hacia el Cielo. Estábamos juntos y sanos. No importaba nada más.

1983.
Mi papá había pasado grandes altibajos económicos, desde que la empresa donde había trabajado casi toda su vida había cerrado sus puertas en Antofagasta, en septiembre de 1980 (Grace y Cía., Chile, S.A.). De ahí en adelante, debido a sus 47 años de edad, las deudas ajenas y la cesantía imperante, nunca volvió a gozar de los privilegios de esa "pega" y se desempeñaba, cuando había suerte o aparecía un "contacto", sólo por algunos meses. La Navidad de ese año, entonces, nos encontró con una alegría (yo había egresado) y una incertidumbre (había sido notificado de otro despido a contar del 1 de enero de 1984, que se acercaba a pasos agigantados). La cena fue, nuevamente, frugal y los regalos, escasos, porque había que estar preparados, nadie sabía lo que traería el futuro. Pero, como 11 años antes, seguíamos juntos... y estábamos sanos. Cantamos villancicos en torno al pesebre. Aún me parece escuchar la hermosa voz de barítono que tenía mi papá.

1998.
Me había separado meses antes. Mi hijo menor había cumplido 1 año en el mes de agosto. Una grave enfermedad me había tenido a las puertas de la muerte y me salvé porque los cirujanos me extirparon el colon antes que necrosara. Mis amigas de la U. de Chile habían estado junto a mí en cada uno de los aciagos meses que viví, a pesar de la distancia. De este modo, estaba llena de fortaleza. Y viví el día más alegre de todo el año, abrazando a mi hija Javiera y, junto a ella, yendo a la cuna donde dormía, plácido, Pablito, para agradecer a Dios tantos regalos espirituales, tanta amistad, tanto cariño, tanta solidaridad inolvidable.

2000.
Estuve a punto de pasar esa Navidad en la tristeza de un hospital público. El oportuno relevo de mi mamá lo impidió, para que pudiera ir a casa con mis hijos. Ese día supimos que había enfermado gravemente la nana que nos crió a mi hermano y a mí. Fuimos a su casa y la llevamos al policlínico de atención primaria de su sector, desde allí fue trasladada al Centro Hospitalario. Yo la acompañé en la ambulancia y mi hermano nos siguió en su auto. Ella se llamaba María Gutiérrez Suárez, pero Jorge le decía "Ayita" desde que era un bebé.
La acompañamos furtivamente en una sala de la unidad de emergencia donde permanecía en observación, pero teníamos que salir subrepticiamente cuando el personal regresaba. En eso estuvimos toda la tarde. No pudimos llevarla al Pensionado, porque no encontramos ningún médico que firmara su traslado a una pieza individual. A las 19 horas mi hermano se fue, para regresar con mi mamá antes de las 12. Alcancé a estar con mis hijos esa noche, pero nunca en Navidad me había sentido más útil.
"Ayita" falleció el día 26. Sus desconocidos parientes aparecieron después del funeral, para preguntar por el destino de su casa propia...

6 comentarios:

Esther Croudo Bitrán dijo...

Olie:

Que hermoso post, te felicito.

Un saludo de por acá cerca.

Olie dijo...

Gracias Esther:
Yo también he disfrutado mucho de los que tú tienes.
Cariños:
Olie

SCHIZANDRO dijo...

Los mometos quedan en la memoria por siempre, que bueno tu post
felicidades
saludos

Olie dijo...

Muchas gracias por tus palabras... Indefectiblemente, la memoria vivencial es un recipiente inagotable...
Iré a visitarte. Recién en octubre llegué a la blogósfera y aún me falta mucho por conocer.
Saludos:
Olie

C.Bryant dijo...

Si yo pudiese recordar o me diera el tiempo...no sabes cuanto y con que gusto lo haría....Quizás dentro de poco trataré de hacerlo.
Como tipico Chileno dejo para mañana lo que puedo hacer hoy.
Saludos.

Olie dijo...

Como quieras, C.Bryant...
Saludos